Mi experiencia como sugar baby

Tenía que hacer el papel de una mujer educada y sumisa, que puedes llevar a cocteles y mostrar como un trofeo.

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Crecí en una familia tradicional; mi padre llevaba el sustento y mi madre cuidaba de mí y de mi hermana. Nos educaron para ser independientes y nos metieron a las mejores escuelas. A pesar de que no elegí ser doctora o ingeniera, las carreras que harían sentir orgullosa a cualquier familia de Asia del Sur, se alegraron mucho al ver que tuve éxito como periodista en televisión.

Pero les fallé porque no me atuve a sus ideas tradicionales sobre cómo debe vivir una mujer. Me casé una vez y me divorcié unos años después, y andar con el pelo corto y tatuajes a mis treinta tampoco ayuda mucho. Para mis familiares del Sur de Asia soy una mujer que desperdició su oportunidad de ser una buena esposa y tener hijos. No les gustó que me hubiera endeudado para ir a la universidad.
Como ya no tengo nada qué perder, acepté salir en televisión y ver cómo es la vida de una sugar baby. Las sugar babies normalmente son mujeres jóvenes que pasan tiempo con sugar daddies a cambio de dinero. Los “daddies” generalmente son empresarios adinerados y las mujeres son jóvenes, atractivas y tienen hambre de aventura. Seeking Arangement es la página más grande para buscarsugar babies o daddies y afirma que cuenta con más de tres millones de estudiantes universitarias o recién graduadas suscritas que intentan pagar su educación o sus deudas. Aunque el número de personas que utiliza la página actualmente para buscar citas sigue siendo un misterio, la página se ha convertido en un fenómeno cultural y ha tenido cobertura en Vanity Fair, CNN, el New York Post y muchos otros medios de comunicación. Pero yo quería saber de primera fuente cómo funciona —y qué se siente— que te paguen por tener una cita.

Viajamos a Las Vegas a las oficinas donde su directora de marketing, Angela Bermudo, me enseñó cómo ser una sugar baby exitosa. Angela me dijo que para conseguir un sugar daddy tenía que mejorar mi apariencia; es decir, tenía que usar vestidos elegantes, tacones y un maquillaje natural para entrar en los estándares de los daddies. Pero lo más importante, explicó, era tener una buena actitud. “El sugar daddy establece las reglas de tu relación: no puedes estar gorda, no puedes ponerte celosa si decide salir con otra mujer y tienes que hablar de temas específicos cuando estás con él”, explicó. “Sólo funciona si los dos están de acuerdo en los términos”.

Tenía que hacer el papel de una mujer educada y sumisa a la que puedes llevar a eventos privados y mostrar como un trofeo. A cambio, explicó, obtenía acceso al dinero y al círculo de mi “daddy“, hombres blancos y ricos que podrían ayudarme a impulsar mi carrera. Todo sería posible, siempre y cuando no me comportara como una “niña malcriada”, me indicó una colega de Angela.

Angela me ayudó a escoger el nombre de usuario “exoticivyleague” para resaltar. Me sugirió no mencionar mi divorcio y evitar describirme a mí misma como una persona complicada porque eso significa que tengo un pasado turbio.

Asistí a una conferencia organizada por Seeking Arrangement, donde se presentaron muchas aspirantes a sugar baby para tratar de pescar daddies. Una mujer llamada Sabine comentó: “Lo hago porque quiero tener experiencias, viajar e ir al ballet, pero no puedo hacer esas cosas con alguien de mi edad”. Lo que dijo Sabine tiene mucho sentido para mí —¿a quién no le gustan esas cosas?—, pero yo quería a una persona económicamente estable con la que pudiera establecer una conexión profunda. Sin embargo, los hombres que asistieron a la conferencia parecían más bien tiburones asechando a su presa; dos de ellos me ofrecieron una suma considerable para hacer un gangbang conmigo en un hotel cercano.

A pesar de la experiencia perturbadora, yo seguía dispuesta a explorar la escena sugar baby, así que emprendí mi búsqueda de un hombre “tradicional” que valorara mi esfuerzo. Pasé horas buscando en la página y me perdí a un mundo imaginario donde diseñé al hombre ideal. Mis expectativas eran modestas: un hombre que viviera solo, un empresario o doctor exitoso capaz de respetar mi independencia e inteligencia y de cuidarme como todo un caballero.

No obstante, los tipis en Seeking Arrangement tenían planes menos tradicionales. Uno me preguntó si podía broncearme más —”mientras más morena, mejor”— y tuve que pararlo en ese instante. Unas semanas después, hablé por Skype con otro hombre que me quería específicamente para que se la chupara; dijo que normalmente paga miles por eso y me pidió que le mostrara mi cuerpo completo. Me sentí como un pedazo de carne y no una persona, un ente sin alma y sin sentimientos.

Ninguno quería conocerme a un nivel más profundo, excepto uno (o eso creí). Su valor neto, del que se jactaba abiertamente en la página, era de 10 millones de dólares. Dijo que era uno de los directivos de una compañía muy importante y le pareció muy atractivo el hecho de que yo fuera una periodista educada. Pero cuando nos conocimos, todo se fue a la mierda en cuanto dijo “hola”. Decir que fue incómodo sería muy generoso de mi parte; controló toda la comida que pedí, me dio un fajo de dinero y me dijo que había más dinero esperándome en su casa si lo acompañaba. Me subí a mi carro y me alejé a toda velocidad.

Brendon Wade, director ejecutivo de Seeking Arrangement, me dijo que la página empodera a las mujeres y les permite mejorar su calidad de vida. Pero mi experiencia reflejaba otra cosa. Cuando viajé a Las Vegas para reunirme con Chelsea, una de las sugar babies más populares, descubrí que vivía en un apartamento lujoso, conducía un Mercedes Benz del año y tenía una docena de sugar daddies. Chelsea me dijo que podía ganar hasta treinta mil dólares al mes pero, a cambio, tenía que hacer todo lo que sus daddies le pedían en la cama, como dejarse amarrar y estrangular. También me confesó que fue víctima de una violación.

Pero Chelsea está demasiado acostumbrada como para renunciar a ese estilo de vida. Para ella, vale la pena ir a un crucero con un doctor que la obligaba a tener sexo a cambio de un aumento de senos, o cumplir las peticiones sexuales más grotescas con tal de tener la vida que siempre soñó en su infancia llena de carencias. A pesar de su historia desgarradora, Chelsea es una de las celebridades de Seeking Arrangement; incluso dio una charla breve en la conferencia donde compartió algunos tips para ser una gran sugar baby.

También conocí a muchas mujeres que aman la #sugarlife, como ellas la llaman. Me dijeron que era el mejor momento de su vida porque al fin disfrutaban de una estabilidad económica, podían viajar por el mundo y vivían relaciones transparentes en las que se respetaban las expectativas y los límites de ambas partes. Pero terminé asqueada, como si estuviera yendo directo hacia una vida fría, en la que mi tiempo con un hombre dependía de su dinero, y todo para cumplir su fantasía de tener una mujer de apariencia exótica. Estoy feliz de poder cuidarme sola y, si un hombre viene y me mueve el tapete, prefiero que le salga del corazón y no de la cartera.

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