Mujeres jóvenes nos muestran una cara no tan obvia de este polémico oficio.

Fotos por Daniela Echeverry
Ilustración por Daniel Martínez

Escort, dama de compañía o prepago: cámbieles el nombre, dígales como quiera. Piense de ellas lo que quiera, también. Pero mientras los prejuicios hacia las personas que tienen sexo a cambio de dinero siguen inundando nuestra sociedad (así como la explotación hacia ellas, esto es un arma de doble filo), cada vez más mujeres escogen este trabajo para vivir y, sobre todo, para vivir bien.

Luego de recibir la invitación para visitar una agencia de escorts, llegué a un edificio blanco raído con vidrios polarizados ubicado en la mitad de Chapinero. Pedro*, uno de los socios, me recibió y me llevó a su centro de operaciones. No sabía qué esperar. Me imaginaba un sitio sórdido lleno de mujeres en bola, drogas y luces de neón: estaba equivocado.

Al entrar Pedro me dijo: “Bienvenido a La Celestina”.

Me topé con un apartamento mediano con paredes de colores fosforescentes opacadas por la falta de luz solar y con mujeres vestidas —muy vestidas— y bastante relajadas. Algunas estaban esperando para entrar a una sesión de fotos en la cual serían oficialmente iniciadas en el negocio. Otras solo estaban ahí esperando a que saliera un servicio, otras, simplemente parchando.

Mientras sonaba reguetón ventiado y salían y entraban mujeres del cuarto donde se tomaban las fotos, me senté a hablar con algunas de ellas sobre sus vidas paralelas, sus clientes, la liberación sexual y el amor.

Vanessa**

Veinte años, bogotana y autodenominada como mujer “casposa”. Trabajó en estudios webcam durante un tiempo, pero se dio cuenta de que siendo una escort podía ganar plata más fácil y más rápido. Estudia Trabajo Social y tiene claro que las prepago tienen la misma vida útil que un deportista profesional. Ningún familiar ni amigo sabe que ella trabaja en este negocio.

¿Cuánto llevas acá?
Un mes.

¿Cuál ha sido el peor y el mejor cliente?
Eso es fácil: ya los tengo catalogados. El peor fue un chico que cuando se vino en mi cara, me pegó con su pene en la cara y fue como “pam, pam, pam” (risas). Y he tenido muy buenos clientes, no tanto por la paga, sino porque quieren que uno también la pase rico.

¿Qué has aprendido de los manes en lo que llevas de trabajo?
Que hay esposas muy aburridas. He estado en tríos con parejas, entonces he aprendido que nos han impuesto un tabú muy fuerte en cuanto al sexo, porque experimentar está bien.

¿Alguna vez no tuviste sexo con un cliente?
Muchas veces. A veces tienen ganas de cogerte pero se ponen nerviosos y no se les para, entonces uno no puede hacer nada.

¿Cómo ha cambiado tu concepción del sexo siendo una escort?
Cambia mucho. Después de entrar acá me dije a mí misma, “puta, ya no lo doy sin que me paguen”. Se lo di a tantos petardos sin que me pagaran que prefiero que me den plata por hacer lo mismo.

¿Ahora tienes menos sexo por placer sin que te paguen?
Sí, menos. Pero siempre intento buscar placer con los clientes.

¿Qué consejos nos das sobre el amor?
Es que yo nunca me he enamorado. Nunca he tenido una relación seria.

¿Entonces qué le recomiendas a alguien que nunca se ha enamorado? 
Que siga así. Y que si se llega a enamorarse, que tenga claro que todo tiene un inicio y un final y que disfrute ese tiempo con la otra persona.

Lucía

Es de la costa atlántica y está próxima a cumplir 20 años. Cuando hablamos, acababa de tomarse las fotos que serían subidas a la página web de la agencia. Su dulzura e inocencia delataban que nunca había estado en este negocio. Además, decidió su nombre artístico luego de que yo se lo preguntara. Me dijo que necesita recoger más de 15 millones de pesos para poder seguir estudiando su carrera en una de las universidades más caras del país.

¿Cómo llegaste acá?
Busqué por Internet prepagos y escorts hasta que di con esta agencia.

¿Qué te motivó a trabajar en esto?
Suspendí mi semestre de la universidad porque mi mamá se quedó sin trabajo y no tengo cómo seguir pagando mi carrera, así que necesito bastante dinero. Yo vivía con lujos, cargaba siempre con cien mil pesos en la billetera y ahora me toca coger Transmilenio.

¿Le vas a contar a tu mamá?
No, jamás. Me mata.

Pero cuando ella vea que pagaste la matrícula con esto, ¿qué le vas a decir?
Pues ella cree que conseguí un trabajo en un call center y que el salario es de $1.200.000. Entonces, según mis cuentas, yo creo que me alcanza. Ahí iré craneando la mentira.

¿Qué expectativas tienes?
Ganar bien. Al final no creo que sea tan difícil porque si es algo que yo hacía gratis por qué no lo voy a hacer si me pagan. En la situación en la que estoy es disfrutar o ganar.

Antes de todo esto, ¿qué tan activa eras sexualmente?
Solamente había estado con una persona que era mi novio y casi no nos veíamos porque él vivía en Barranquilla.

¿Hasta hace cuánto estuvieron juntos?
Hasta hace dos meses.

¿Estás nerviosa?
No mucho, ya me relajé y me mentalicé. Creo que el susto va a volver cuando me salga el primer cliente.

¿Consejos para el amor?
Tratar al máximo de no lastimar a la persona que quieres o amas. Si es tu novio o novia, es porque vas a estar con esa persona, sino termínale.

Silvia

Tiene 30 años, es barranquillera y es la “veterana” del parche. Lleva cinco meses en este trabajo y no puede estar más contenta. La hora con ella cuesta $230.000, de los cuales se queda con $180.000. La mayoría de sus clientes no pasan de los 20 años y me dijo que “eso de que los rolos la tienen chiquita es pura mentira”. Se reía con casi todas las preguntas que le hacía.

¿Ves este trabajo como una liberación o una esclavitud sexual?
Como una liberación. Yo tenía un novio y lo dejé como al mes de entrar en esto. Aquí me satisfacen mis deseos, gano plata y estoy tranquila. No me joden ni me controlan.

¿Importa el tamaño del pene?
No. Es que no importa que te penetren, sino que te besen todo y te lo besen bien.

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¿Cómo ha cambiado tu concepción del sexo en estos cinco meses?
Me di cuenta que todos los manes son unos pervertidos, desde los chiquitos hasta los grandes. Los hombres nacen con eso. La semana pasada uno inhaló cocaína en mi cola y ya, no quiso hacer nada más.

¿Te parece atractiva esa perversión?
Uno también se vuelve igual o hasta más pervertida. Yo los cojo por el cuello y hago de todo.

¿Crees que el sexo está sobrevalorado en Colombia?
No, acá la gente tiene acceso mucho más rápido al sexo. Lo difícil es si te quieres enamorar porque para mí ya todas las viejas son prepago. La competencia es dura.

¿Te acostumbraste a tener sexo solo cuando te pagan?
Sí, mira que a mí me gusta viajar sola y siempre que conocía a un man lindo, me lo comía. Pero ahora que fui a Cartagena, solo me los “entrompaba” y los dejaba ahí tirados. Ahora me duele darlo gratis.

¿Te gustan los manes amorosos?
No, me parecen cursis. Me gusta que sean agresivos.

¿Qué consejos nos darías sobre el amor?
No confíen en nadie.

Luciana

Fue bastante tímida y reservada a la hora de hablar. Al igual que Lucía, acababa de salir de su ritual fotográfico de bienvenida y decidió su nombre artístico al frente mío. Quiere estudiar Licenciatura y solo su mejor amigo sabe de su nuevo oficio.

¿Qué te motivó a trabajar acá?
Vivo sola entonces necesito mantenerme.

¿Para ti cuál es la diferencia entre una trabajadora sexual y una escort?
Por lo que me han dicho, estos clientes son muy seleccionados. Hay más seguridad que trabajar, por ejemplo, en la 22. Allá cuesta $20.000 la hora, ¿si me hago entender?

¿Qué expectativas tienes?
Ganar plata y ya. Después me voy.

¿Cuál es tu vida paralela?
Yo estaba trabajando en una marca de ropa y estaba estudiando y quiero seguir haciéndolo el próximo semestre.

¿Para ti este trabajo es una liberación o una esclavitud sexual?
Liberación porque uno se complace. Nunca lo he hecho pero es diferente. Aunque no sea el trabajo más decente, prefiero hacer esto antes que robar.

¿Cómo reaccionó tu mejor amigo cuando le contaste de este trabajo?
Quedó sorprendido. Me decía que no lo hiciera, pero es que no me salió nada más. Además no me parece un mal trabajo. Es solo por un tiempo corto.

Hasta el momento, ¿qué impresión te ha dado este lugar?
Esta agencia me ha parecido muy profesional. Hay otras agencias que te piden “la pruebita”. Una compañera me contó que llegó a una agencia y el tipo literal se lo pidió. Aquí no fue así.

¿Cuándo arrancas?
Todavía no sé. Toca esperar a que me suban a la página.

Luz

Va a cumplir 20 años y lleva trabajando en este negocio un año. Se vende ante los clientes como una Lolita y como una universitaria inocente por más que no estudie absolutamente nada. Antes de sumergirse en este universo, solo tuvo dos parejas sexuales y asegura que su apetito sexual es cada vez más insaciable. Le da miedo que le toque un cliente africano, pero le da aun más miedo que la plata la corrompa.

¿Cuál ha sido tu peor cliente?
Fue la primera cita que tuve. Fue con un chico que estaba lindo, tenía buen pene y me trataba muy bien, pero me decía todo el tiempo, “vente, amor, vente” y cuando se acabó el tiempo, le dije “lo siento, no me pude venir”.  Y él se vino como cinco veces. Fueron las peores dos horas de mi vida.

¿Y el mejor?
Un mexicano que tiene mucha plata y me trata muy bien. Cuando nos vemos siempre me pregunta si quiero tirar, sino me da plata por mi tiempo sin ningún problema.

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¿Estás enamorada de él?
No, solo me llama la atención porque es muy atento. A veces me dice, “oye, sé que has tenido un día pesado y que has estado con varios hombres, pero sonríe”. Esas cositas pequeñas uno las empieza a valorar mucho en este trabajo.

¿Te ha tocado fingir orgasmos?
Acá sí he fingido porque salen menos servicios.

¿Para ti este trabajo es una liberación sexual?
Sí, demasiado. Ahora me siento más cómoda conmigo y mi cuerpo. No me molesta estar desnuda. Uno se libera mucho.

¿Cómo ha cambiado tu concepción del sexo en este trabajo?
Ahora soy más exigente. No soy de las que pide que el man dure una hora, sino que nos consintamos, nos toquemos y nos conozcamos el cuerpo.

¿Si no quieres hacer algo, te toca hacerlo?
Pues en la página aparece qué ofrece cada niña. A mí no me gusta el anal y me han ofrecido buena plata por hacerlo, pero yo siempre les he dicho que no.

¿El tamaño sí importa?
No, llevo en esto un año y la experiencia ya habla por sí sola. Entre más chiquito, más juguetón. Hay hombres que lo tienen muy grande pero no saben cómo moverlo. Además, si es muy grande, eso duele.

¿Has tenido novio mientras has estado acá?
Terminamos hace dos semanas. Empezó a sospechar de mi trabajo y tuve que decirle mentiras pero ya terminamos.

¿Consejos para el amor?
Sean fieles a sus parejas. Si estás con alguien es para estar con esa persona, si no, tiren por un mes y ya. También tienen que confiar mucho en la otra persona y buscar soluciones cuando algo malo pase. Y si tiran con amor, seguro va a ser mejor.

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* El nombre fue cambiado a petición de la persona.
** Todos los nombres de las mujeres son los nombres artísticos que usan como damas de compañía.

fuente:
999

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