Medias de Malla y tacones: por qué se asocia así a la prostitución

por : MARÍA RIOT

1499967314428-1499935729806-prostitucion_reutersFotografía de Christian Hartmann vía Reuters.

¿Por qué siempre se utilizan las mismas imágenes para hablar sobre trabajo sexual?

¿Cuál es la primera imagen que nos viene a la cabeza cuando escuchamos la palabra prostituta? Seguramente sea la de unas piernas con tacones rojos y medias de red en una esquina. ¿Y cuando pensamos en prostitución? Tal vez en alguna mujer vulnerable en el cuarto de un hotel con un perverso cliente que le hará lo que él desee.

Puede que tengamos la idea de que ninguna persona decide realmente prostituirse o que la prostitución es igual a trata de personas. O que todos los problemas que existen como drogas, mafias y pobreza son culpa de la oferta de sexo a cambio de dinero y no problemáticas sociales y que en general surgen a causa de la clandestinidad y la marginalización.

¿De dónde vienen todas esas imágenes, narrativas y generalizaciones? Además de la academia, el feminismo hegemónico y nuestros propios prejuicios y tabúes acerca de la sexualidad sobre todo con la de las mujeres, los medios han jugado un rol importante sobre qué sabemos (o creemos saber) sobre trabajo sexual.

Con películas como Pretty Woman donde el hombre “soñado” rescata a una prostituta, documentales que intentan “retratar la industria del porno”, artículos de opinión con cifras inventadas o distorsionadas, campañas contra la trata que confunden trata de personas con proxenetismo y con trabajo sexual y militancia feminista que reclama “Mi cuerpo mi decisión”, a menos que decidas usar tu sexualidad y erotismo para ganar dinero y sobrevivir en un sistema donde a las mujeres por lo general se les paga menos y tienen menos acceso a trabajos que los hombres, las voces de las verdaderas protagonistas, las trabajadoras sexuales, ha quedado siempre de lado.

Para miles de personas de todo el mundo, el trabajo sexual es el trabajo que mejor les reditúa económicamente y en el que encuentran mejor flexibilidad laboral. Y si eres trans, migrante o racializada, la prostitución será tal vez la única opción de trabajo a la que puedas acceder. Pero esto no es un problema de la prostitución en sí, sino de un sistema que excluye, discrimina y es desigual y debería dar más opciones, no sólo una. Sin embargo, el activismo que se opone a la prostitución como una opción de trabajo legítima y los medios de comunicación suelen confundir pobreza, políticas injustas de inmigración, vulnerabilidad y la criminalización y las malas condiciones que son consecuencia de que quienes ejercemos el trabajo

sexual no contamos con un marco legal y que se lleva a cabo, en general, clandestinamente y sin derechos laborales ni humanos, como algo inherente a la prostitución.

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Estas son algunas de las imágenes que salen en Google al buscar la palabra “prostituta”

Es tan grande el estereotipo visual de una trabajadora sexual que se pretende seguir usando e instalando en artículos sobre prostitución, que la antropóloga Laura Agustín recopila en su Facebook esas fotos de stock que se usan en las notas (artículos) y la periodista y autora del libro Playing the whore, Melissa Gira Grant sube a un Tumblr dedicado sólo a este tipo de fotografías. Y esto lo hacen para visibilizar que siempre, sin importar la época o de qué sea la noticia, se usan las mismas fotos, muchas de ellas con las caras de las trabajadoras sexuales sin cubrir y otras con sus caras en descubierto, algo que dudo que ellas hayan consentido.

En Argentina, años atrás, un grupo que supuestamente se dedicaba a visibilizar la trata de personas, engañaba a las trabajadoras sexuales y, haciéndose pasar por clientes, entraba a sus departamentos con cámaras ocultas, mostrando cuál era el precio, qué cosas hacían y dónde y era transmitido por la televisión abierta. Esto, exponía a las mujeres y no sólo mintiéndoles a ellas, sino también a cualquiera que mirara el programa, que se creía que estaban haciendo una investigación sobre trata cuando eran nuestras propias compañeras las que aparecían ahí. En Estados Unidos se hacen cientos de realitys donde muestran la vida de algunas trabajadoras sexuales en burdeles lujosos. Los noticieros están repletos de informes sobre prostitución con una mirada moral y una generalización muy grande, que expone sólo dos caras de la moneda: o eres una prostituta pobre que no tuvo otra cosa que hacer, o eres una escort de lujo que vive en un mansión bañándote en champagne.

Pero la realidad no es así. En el trabajo sexual hay diversidades, problemáticas que nos atraviesan como en cualquier otro trabajo (y que están acrecentadas al tener que trabajar en la clandestinidad). No todo es blanco y negro y no existen sólo dos extremos sino una amplia variedad de personas, identidades, corporalidades, clientes, servicios y formas de trabajar que conforman el comercio sexual, lo cual muy pocas veces es reflejado.

Si buscamos las palabras “prostituta” en Google imágenes, nos aparecerán principalmente piernas, tacones, callejones oscuros. Si miramos las cifras de donde está la mayoría de las trabajadoras sexuales, no dice que es en la calle. Sin embargo en el imaginario popular, pareciera que es así. Quedan invisibilizadas otras maneras de ejercer y quienes trabajan de manera callejera son reducidas a zapatos y piernas, lo que sigue colaborando en un discurso que deshumaniza a quienes ejercemos la prostitución.

Se habla de la cosificación que se supone hacen los clientes de nosotras, pero jamás se habla del uso y abuso que hacen los medios, autores, teóricos a costa de la marginalización y el estigma en el cual trabajan y viven la mayor parte de las trabajadoras sexuales. ¿Usar fotos de piernas que un fotógrafo tomó sin que una prostituta se dé cuenta para luego escribir una historia distorsionada, con información confusa y sin evidencias serias y reales (como la mayoría respecto a trata y prostitución ya que no sólo se equiparan sino que además es difícil tener estadísticas de un grupo que trabaja en la clandestinidad) no es cosificación?

Las trabajadoras sexuales estamos organizadas desde hace décadas. Sin embargo, ¿cuántas veces has visto artículos que visibilicen la militancia que existe detrás de nuestro reclamo de reconocimiento de derechos? Si vemos las miles y miles de personas que ejercemos el trabajo sexual, somos pocas las que hemos levantado la voz y dado la cara y eso se debe al estigma que hay sobre nuestro trabajo que nos obliga a escondernos, tener una doble vida, vivirlo con culpa. Y también porque cuando lo hacemos, se nos hostiga con acoso, como si fuera un aviso de “no lo hagas porque mira lo que te espera”. Si no, se lo invisibiliza, como le sucede a las compañeras de AFEMTRAS, que hacen ruedas de prensa acerca de las problemáticas con la policía que tienen en los polígonos de Madrid donde trabajan y sólo acuden uno o dos medios.

El problema no está sólo en ignorar las problemáticas que les ocurren a las trabajadoras sexuales y no visibilizar sus actividades y organización, sino también en presentar historias o casos de algunas trabajadoras sexuales como las únicas posibles y representativas de todo un colectivo. El uso de titulares que generan morbo, el mismo cuestionamiento y preguntas en cada entrevista que se nos hace a quienes decidimos dar la cara para visibilizar nuestra militancia, el uso deliberado de las palabras para referirse al tema y seguir confundiendo a la sociedad, ya que los medios son formadores de opinión y que hoy exista una imagen tan errónea y confusa sobre la prostitución es en gran parte producto de los medios de comunicación.

Para algunos periodistas, hablar por las trabajadoras sexuales les parece divertido e interesante. Usan nuestra imagen y nuestras historias para ganar clicks y tráfico a sus páginas porque saben que el sexo vende, pero son sólo unos pocos los que realmente se comprometen a que las voces de las trabajadoras sexuales sean visibles y que se escuche lo que tenemos para decir. Cada vez somos más las trabajadoras sexuales que decidimos dar la cara y llevar adelante el discurso que vienen llevando cientos de otras compañeras hace décadas. Porque el estigma ha hecho que muchas nos callemos y otros hablen por nosotras, pero eso está cambiando. Y cada vez más.

fuente: vice.com

 

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