Buscando a los últimos compradores de porno en DVD de Bogotá

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Hermes tenía la misma edad que yo, 25, cuando tuvo por primera vez acceso a Internet a través de la línea telefónica de su casa. Fue entonces cuando, desde la comodidad de su estudio, descubrió el chat, el correo electrónico y ese mar gratuito de tetas y erecciones infladas con ceros y unos que es el porno en Internet. Pero, a diferencia de Hermes, muchos se quedaron aferrados a su cds de porno como si fueran un salvavidas en medio de ese mar de popups de “esposas infieles en tu barrio” que es el porno virtual.

Hoy en día, 15 años después de la última vez que Hermes salió a cazar porno en los puestos ambulantes de la calle 18 en el centro de Pereira, el mercado del porno pirata en DVD sigue vivo en los San Andresitos y callejones peatonales de todo Colombia. ¿Pero quiénes mantienen viva esta tradición? ¿Cuáles son las razones que los impulsan a pagar por algo que todos obtenemos gratis?

La calle 14, entre las carreras octava y novena de Bogotá, es la plaza fuerte del porno en DVD en Bogotá. En los puestos ambulantes y en las vitrinas de algunos locales se ofrecen películas divididas en morros según su genero: “Comedia”, “Drama”, “Infantil”, “Terror” y en todas las tiendas, sin excepción también hay una caja de cartón sin rótulo en la que guardan las películas porno.

Según Johana, quien administra su propio local de películas hace 18 años, lejos están los días en los que los videos porno en VHS estaban entre su mercancía más vendida. Pero la cajita sin rotular repleta de pornografía se mantiene bajo el mostrador para satisfacer a un puñado de clientes regulares que incluyen una parada en la calle 14 en su recorrido. Al menos una vez al mes.

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Johana afirma haberle alcanzado la caja de cartón café a hombres y mujeres de todas la edades (salvo menores de 18, dice ella), pero su cliente regular, ese que sigue pagando la quemada, la empacada y la traída del DVD, responde siempre a un mismo perfil: una categoría que en el mundo del mercadeo se denomina “hombre mayor de 55 años”, en la calle, “viejo verde” y a la que Johana se refiere como “señores ya mayores”.

Descubrir que el porno en DVD es consumido en su mayoría por aquellos que no son nativos virtuales es apenas confirmar lo intuitivo. Pero en Colombia hay, de acuerdo con el Ministerio de Tecnologías de la Información y Telecomunicaciones, 10 millones de conexiones a Internet: ¿ninguno de estos señores se ha encontrado con una de esas 10 millones?

Hermes, quien por un breve periodo de tiempo combinó todas las formas de lucha y disfrutaba, por igual, con su colección de 10 megas de fotos porno descargadas gracias a su proveedor de telefonía y con sus DVD de Rocco Siffredi comprados en la calle 14, afirma que una de las razones por las que no volvió a comprar porno en la calle luego de verlo en Internet era la variedad que ofrecía el porno en punto com.

Pero la cajita de Johana ofrece más variedad de la que una sola persona podría necesitar. Están los videos para gustos más convencionales: adolescentes, lesbianas y lesbianas adolecentes. También están los videos fetichistas: gordas, embarazadas y hasta zoofilia (una categoría que apareció en todas las cajas que revisé). Y, por supuesto, los video de gays y travestis, los cuales se venden bastante bien, según dice Johana.

De hecho, el contenido de la mayoría de estos DVD porno es descargado de Internet y viene de las mismas productoras gringas cuyos videos disfrutamos los millenials sin necesidad de pagar los mil pesos que vale una porno en el puesto de Johana, ni los dos mil que cuesta el transporte para llegar hasta el centro.

También hay dos “compañías” que se acreditan en la margen de la carátula la tarea de buscar-descargar-quemar-empacar todo este porno: Jotta Sex y la Cooperativa Loc 41. La primera no ofrece ninguna información de contacto, la segunda ofrece un número telefónico en el que me contestó un tipo de voz áspera que no quería contestar nada aparte de “¿cúantas películas y para qué local son?”.

Si la razón para comprar un DVD porno no se encuentra en el disco ni en su contenido, ¿dónde está? Johana me recomendó ir a averiguar con los señores que atienden los puestos de “allá abajo”. Se refería a 4 mesas pequeñas que se ubican a la sombra de unos árboles a pocos metros de la carrera 9 y que omiten la comedia el drama, el terror y hasta los estrenos, para especializarse en el porno y nada más.

Me acerqué a uno de los puestos y comencé a ojear las películas como un cliente más. A los pocos minutos, un “señor ya mayor”, vestido de saco y corbata, se detuvo a mi lado y empezó a ojear el menú por encima de mi hombro.

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––Disculpe señor, ¿usted por qué prefiere comprar estas películas aquí en lugar de verlas en Internet como todo el mundo?

El “señor ya mayor” se balanceó un poco, se llevó una mano al bolsillo y con la otra se acarició el canosos bigote.

—Eh, yo pues estaba buscando una que se llama Licencia para casarse. Pero veo que no. Que aquí es como otra cosa, ¿no?

Me dijo eso mientras se acercaba a la mesa para ojear las portadas. Evidentemente, Licencia para Casarse, una comedia romántica de 2007 con Robin Williams y Mandy Moore, no se encontraba en esta mesa. En su lugar, el “señor ya mayor” se encontró con la montaña del porno gay de portada explícita.

—¡Uy! ¡Y esto ahora es así y en plena calle! ¡Uy! ––dijo el señor al verse confrontado con dos adolescentes desnudos.

––¿Usted nunca había comprado películas porno aquí?

––No, no, yo no. Yo venía buscando Licencia para casarse.

––Y entonces las ve Internet

—No, no yo nunca veo eso

—¿Nunca en la vida?

—No, yo nunca. Yo prefiero el acto real

¿Y quién no?

Luego intenté hacerle la misma pregunta a otro “señor ya mayor” que acababa de comprar su porno y lo protegía de la llovizna bajo su chaqueta de gamuza. Pero, predeciblemente, solo obtuve un apresurado “a mí no me joda”.

Según Hermes, quien a través de ese peligroso ‘espacio seguro’ que es Facebook no rehusó a contestar ninguna pregunta, hay una sola cosa que extraña de sus días de mercar porno en DVD: la experiencia.

“Hoy en día es muy fácil conseguir porno. Ya no existe esa ansiedad… La imaginación. ¿El ‘cómo será’? Para después defraudarse”, me decía Hermes, quien aún recuerda estar mirando la contraportada de Pereiranas Calientes en una congestionada calle de Pereira y fantasear con encontrar alguna vecina al ponerle play al disco en el DVD de sus papás.

Y tiene razón. Aunque el contenido del porno en DVD sea casi siempre el mismo que se podría encontrar en Internet, ojear una contraportada borrosa impresa en papel bond es muy distinto a entrar en cualquier portal de porno contemporáneo. Las páginas porno dan porno antes, durante y después del porno: tienen banners con gifs de mamadas, penetraciones y eyaculaciones en en full HD a lado y lado del reproductor, botan pop ups sin necesidad de hacer un click y nos recuerdan constantemente que hay solteras buscando sexo a menos de un kilómetro.

¿Habrá tal cosa como demasiado porno mientras estamos buscando porno?

Quizá los nativos digitales estemos algo desensibilizados ante la gesta del cazador de joyas pornográficas en un Sanandresito, pero el acto de buscar el DVD correcto entre cientos de opciones, juzgarlo con la intuición antes que con los ojos, y llevarlo a casa fantaseando con su contenido mientras se cuentan las cuadras, parece un poema al lado de esa experiencia algo soez que es hacer click en un link con una mano mientras nos desabrochamos el pantalón con la otra. Al final del día (o mejor del pajazo), el único valor agregado que le da el porno el DVD a todos esos “señores ya mayores” es el romance.

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